Fallecimiento de Lou Carnesecca, entrenador icónico de St. John’s
Lou Carnesecca, el carismático entrenador de baloncesto de St. John’s, falleció a los 99 años, justo unas semanas antes de su esperado centenario. Su trayectoria y su característico estilo, que incluía su notable vestimenta, lo convirtieron en un ícono del deporte en Nueva York, particularmente durante la memorable campaña de su equipo en la Final Four de 1985.
Una vida dedicada al baloncesto
La universidad confirmó que Carnesecca falleció en un hospital, rodeado de sus seres queridos. Su legado perdura gracias al amor y respeto que se ganó de generaciones de neoyorquinos, quienes apreciaron su ingenio y calidez.
Durante 24 temporadas, Carnesecca dirigió a St. John’s en dos periodos distintos, logrando clasificarse a un torneo postemporada cada año. Se convirtió en el emblema de una universidad cuyo estadio en Queens lleva su nombre. En 2021, se develó una estatua en su honor antes de iniciar la temporada.
Éxitos en la cancha
En su periodo como entrenador, logró 18 temporadas con 20 victorias y 18 apariciones en el torneo de la NCAA, acumulando un récord impresionante de 526-300. Bajo su mando, el equipo alcanzó las 30 victorias en las temporadas de 1985 y 1986, y fue fundamental en la creación de la Conferencia Big East.
Carnesecca fue reconocido como entrenador del año en tres ocasiones, y entre sus jugadores destacados estaban leyendas como Chris Mullin, Mark Jackson y Walter Berry. En 1989, llevó al equipo a ganar el título del NIT, y fue inducido al Salón de la Fama del Baloncesto en 1992, el mismo año que se retiró.
“Nunca marqué una canasta”, mencionó durante su ceremonia de inducción. “Los jugadores hicieron todo. Sin jugadores, no se puede jugar.”
Un entrenador carismático y apasionado
Carnesecca era conocido por su afinidad con los fundamentos del baloncesto, manteniendo una presencia vibrante y movida en la línea de banda. Era fácil reconocerlo: con sus brazos en movimiento y su apasionada reacción a las jugadas, nunca cruzó la línea hacia la furia. Su amor por el juego lo mantenía constantemente activo y comprometido con sus jugadores.
Mike Tranghese, excomisionado de la Big East, lo describió como “nuestra alma y conciencia”, un verdadero gigante en el mundo del baloncesto. A pesar de las intensas competencias y presiones del deporte, Carnesecca siempre mantuvo una actitud desenfadada, convencido de que las adversidades no deberían interponerse entre un buen plato de pasta y una copa de Chianti.
Un legado familiar y cultural
Luigi P. Carnesecca nació el 5 de enero de 1925, hijo de inmigrantes italianos, y creció en East Harlem. Su amor por el baloncesto comenzó en su infancia, y tras servir en la Guardia Costera durante la Segunda Guerra Mundial, se convirtió en entrenador de su escuela secundaria.
En 1958, aceptó un puesto como asistente en su alma mater, St. John’s, donde su carrera despegó. A pesar del éxito, también exploró el baloncesto profesional, entrenando a los Nets de Nueva York, pero pronto se dio cuenta de que su verdadero hogar estaba en la universidad.
Impacto en el baloncesto universitario
Regresó a St. John’s en 1973 y, a pesar de los cambios en el panorama del baloncesto universitario, continuó teniendo éxito y formando jugadores excepcionales. En la temporada 1984-85, su equipo fue clave en revivir el interés por el baloncesto neoyorquino, enfrentándose a grandes rivales en el Madison Square Garden.
Uno de los episodios más memorables de su carrera fue el conocido “sweater” o suéter de la suerte, que usó en momentos cruciales. Carnesecca recordó con humor la historia de cómo comenzó a usarlo en un viaje a Pittsburgh, convirtiéndose en un símbolo de suerte para su equipo. A pesar de algunas derrotas, este suéter se volvió emblemático durante su destacada trayectoria.
El legado de un gran entrenador
Tras su salida del baloncesto activo, Carnesecca continuó asistiendo a los juegos de St. John’s, manteniéndose como un símbolo de la universidad. Su amor por el baloncesto y sus enseñanzas permanecen en la memoria colectiva de los aficionados.
La familia de Carnesecca, que incluye a su esposa Mary, su hija Enes, y otros seres queridos, lo recordará como un pilar del baloncesto y un hombre querido por todos.
Conclusión
Lou Carnesecca dejó un legado imborrable en el mundo del baloncesto y en la comunidad de St. John’s. Su pasión, dedicación y amor por el juego lo convirtieron en una figura respetada y admirada, cuya influencia perdurará por generaciones.
- Entrenó a St. John’s durante 24 temporadas, convirtiéndose en un ícono del baloncesto universitario.
- Logró un récord de 526-300 y fue parte del auge de la Conferencia Big East.
- Su icónico “sweater” se convirtió en un símbolo de suerte y éxito.
- Su legado perdura a través de sus enseñanzas y el impacto en sus jugadores.

